Each morning in my life.

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Roots. Bloody roots.

Roots. Bloody roots.

Una más de ayer. Sin incendiarios ni elementos que pudieran ser portada de La Razón.
Al menos que yo lo viera.

Una más de ayer. Sin incendiarios ni elementos que pudieran ser portada de La Razón.

Al menos que yo lo viera.

perlasencastellano:

Community - s03e04

Community (o el arte de mejorar lo inmejorable)

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(vía listo)

Huida lateral

Elia logró apartar, en su segundo intento, las cortinas de la ducha. Su inoperancia en esos primeros minutos del día, hasta el momento en que se duchaba o se tomaba su te del desayuno, había sido motivo de burla -bienintencionada, eso sí- por parte de su marido y su hija durante años. Madrugar no era, verdaderamente, lo que más le gustaba en el mundo.

Observó que la esponja había cedido a la ley de la gravedad y reposaba, inerte, sobre la alfombrilla antideslizante de la ducha. A Elia esto le daba mucho asco: a saber cuántos microorganismos estarían sacando a sus santos en procesión en ese pequeño y poroso mundo que se había creado a lo largo de esa larga noche de febrero que acababa de terminar. Con un suspiro Elia se agachó y recogió, con la pinza que formaban sus dedos pulgar e índice de la mano derecha, el motivo del excesivo fruncimiento de su ceño. Mientras se incorporaba, Elia escuchó un silbido que provenía del piso de abajo.

Quedó quieta, muy quieta, como si así lograra hacer callar el ruido de la cisterna del inodoro, que se llenaba sonora y animosamente tras el más reciente cumplimiento de su deber. Sí, en efecto… está sonando la tetera en la cocina pero… ¿cómo? Ella no había bajado a la cocina todavía, recordaba haber ido directa al baño.

De inmediato empezó a bajar las escaleras, dejando atrás sus pantuflas y acomodando de manera instintiva sus agarrotados dedos en las zonas en las que sabía que la moqueta estaba menos gastada. Llegó a la cocina y, efectivamente, la vieja tetera celeste empezaba a impacientarse, elevando su tono de alarma, esperando el auxilio de una mano salvadora que la alejase del fuego y la librase de su burbujeante contenido. Una mueca de extrañeza se dibujó en el rostro de Elia, que se acercó lentamente al teléfono, lo asió y dijo “¿Sí?”.

Reconoció lo idiota de la situación instantáneamente: había bajado para quitar la tetera del calentador en el que no recordaba haberla puesto y, sin embargo, cogió el teléfono, que no había sonado. Qué estúpida. Qué tonta, tontísima parecería en ese momento de atolondramiento matutino.

Se despegó el teléfono de la oreja, con intención de colgarlo y, antes de que alcanzara a dejarlo en su posición de reposo, se oyó una voz en el auricular: “¿Mamá?”

Elia dio un respingo y el teléfono cayó al suelo. Mientras éste rodaba hasta encontrar el equilibrio siguió oyendo la voz de su hija “Mami, ¿estás ahí? ¿Me oyes?”. Muy lentamente, con la boca abierta, levantó la mirada desde el teléfono, posado sobre el suelo de la cocina, hacia los fogones. Allí no había ninguna tetera puesta al fuego.

“Mamá… seguro que tienes otra vez el teléfono cogido al revés. Dale la vuelta, anda.”

Elia no habría podido decir cuánto tiempo tardó en recoger el teléfono del suelo, pero cuando se decidió a hacerlo lo colgó inmediatamente.

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Huida Lateral, en Vacío Perfecto

fluzo:

Visto en el tumblr de eunice.

Cucutras

fluzo:

Visto en el tumblr de eunice.

Cucutras

hematocritico:

” Cristo metiéndole a un notas ” (La primma hostia dil messiah) Giotto

hematocritico:

” Cristo metiéndole a un notas ” (La primma hostia dil messiah) Giotto

Summer goes bye-bye?

Summer goes bye-bye?

Nitko Drugi

Y si todo ocurre tal y como soñé que ocurriría, justo ahora sonará el teléfono.

Levantó la vista de su café con leche y la dirigió hacia la destartalada cabina gris, aquélla que, en un encomiable ejercicio de inanimado equilibrio, colgaba de dos cordones del techo, justo al lado de la barra.

Mantuvo su mirada clavada en la vieja campana oxidada. Cada segundo parecía una batalla ganada; cada pequeño pedazo de silencio era un alivio para su alma. Casi pensaba que debía sonreír. Algún día incluso podría contar esta estúpida historia a algún amigo que le prestara su atención en una noche de vino dulce y buena comida. Mientras en el bar sólo se oyera el informativo en la radio todo iría…

¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!

¡No!, pensó Milan, pero se obligó a no cargar de responsabilidades que no le correspondían al minúsculo segundo que separó este primer sonido del que vino a continuación. De hecho, ni siquiera le dio tiempo a albergar esperanzas de que la llamada se colgara.

¡Riiiiiiiiiiiiiiing!

El teléfono continuó sonando. Dejó de oír al locutor en la radio. No notó, como sí lo hizo en su sueño, el gesto de disconformidad de Stjepan en su taburete, pero conocía al viejo minero y sabía, sin mirarlo, que era eso lo que se estaba dibujando en su cara.

La oronda señora Kovic no tardó en aparecer, casi trotando, a través de la pequeña puerta mientras secaba un vaso con un paño, presta a aplacar las iras campaniles del teléfono.

Milan ya no oía nada, pero sabía lo que le estaban diciendo a la señora Kovic incluso antes de ver cómo se quebraba su rostro, convirtiéndolo en una mueca de dolor y consternación.

No, Milan ya no oía nada. No oyó el ruido del vaso cayéndose de las manos de la señora Kovic. No oyó a Stjepan levantándose todo lo rápido que su viejo cuerpo le permitió para ir a auxiliar a la dueña del bar, que ya se doblaba por el dolor de la noticia que acababa de recibir.

No le hizo falta oír nada. Milan ya sabía que la llamada era de la policía, y que ésta informaría a la señora Kovic de que habían encontrado el cadáver de su hija Ania semienterrado a las afueras del pueblo.

Milan ya lo sabía. Desde hacía casi una semana.

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Nitko Drugi, en Vacío Perfecto.